13 noviembre 2012

SIN NADA QUE DECIR (A UN PASO DE LAS NAVIDADES)

Vaya. vaya... no está nada mal; voy batiendo mi propio récord de demora a la hora de tener al día mi blog... esta vez nada menos que seis meses desde la última entrada... no tengo palabras.

Y, por dónde empezar, tras seis mesecillos de ausencia... Pues, ni más ni menos que por donde se pueda.

Y, como en principio no quiero hacer de esto una especie de diario o algo demasiado personal, creo que se podría empezar a hablar de la actualidad. ¿Huelgas generales, desahucios, tragedias en grandes macrofiestas, corrupción, juicios de catástrofes naturales de hace diez años...? Nah, hablemos de lo que realmente importa: ¡la llegada de la Navidad!.

Efectivamente, querido respetable; parece que las luces que van iluminando nuestras calles con motivos navideños eclipsan el resto de acontecimientos que hallan en mayor o en menor medida su espacio en los medios de comunicación por estas fechas. La llegada del stan de los turrones y mantecados a los supermercados nos hace salivar evitando pensar en la gente que no puede pagar sus hipotecas por la ruinosa economía del país que colea angustiosa como un pez fuera del agua esperando las manos del pescador para su destripe y venta al mejor postor. Y así es, sin duda, que parece que los "reportajes de temporada" (en verano las olas de calor, las tapas de moda y las medusas, en otoño las lluvias que inundan ciudades y en invierno lo que nos gastaremos en las navidades y si comeremos langosta, pavo o conejo en pepitoria. Sinceramente; tengo la firme teoría de que usan la misma redacción varios años seguidos y los medios lo tienen en plan comodín para cuando los (pobres míos) redactores se cogen algún día de vacaciones o para hacerle más amena la estancia a los becarios yendo de puesto en puesto del mercado luciendo orgullosos la libreta con el logo del medio que les explota.

Pues sí; festejemos la llegada de la ilusión (que no del aumento del paro), de las luces y adornos de los grandes almacenes (que no de los miserables sueldos que reciben aquellos afortunados, al fin y al cabo lo son, por hacer mil horas en campañas de temporada envolviendo regalos o aguantándonos el mal humor de los que vamos con dos duros a comprar pensando que nuestro dinero vale más que el de ningún otro porque nos ha costado demasiado conseguirlo). Llenémonos de gozo y júbilo (¡aleluya!) porque, y aquí me descubro, las sonrisas de los más pequeños hacen que nos olvidemos de dónde vamos a sacar el "vil metal" para comprarles todo lo que sabemos que se merecen y que, una vez más, tendremos que adornar con ciertas excusas culpabilizando a Sus Majestades de Oriente por su mala cabeza.

Porque esa es la triste realidad; el cuento de "La Vida es Bella" llevado a nuestros quehaceres cotidianos; intentando salvar la dignidad con lo que poco que podamos tener para, al fin, regalarle a nuestros hijos ese tanque aunque sea de cartón mientras los "nazis" (lo digo por seguir la metáfora; no por herir con ideologías) que nos tienen bajo su mando nos dan duchas de gas en forma de subida de impuestos y demás sogas para salvarnos de su crisis.

Así pues, sólo me queda decir una cosa (a todas las que, de seguro, se os habrán ocurrido en la línea de las que ya he comentado, claro): aprovechad y disfrutad de las luces que adornan nuestras calles; porque la realidad que tenemos (y la que, desgraciadamente, aún se nos viene encima) es mucho más negra.



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